BUTÁN, UN REINO OCULTO BAJO LA SOMBRA DEL HIMALAYA

 A medio camino entre China y la India, se esconde entre las poderosas montañas del Himalaya un reino aislado y remoto, Bután, conocido como el Reino del Dragón del Trueno. Embriagado por la esencia del budismo, este pequeño reino recibe al viajero con las amplias sonrisas de sus gentes y su accidentado paisaje. La agencia de viajes NUBA, especializada en viajes a medida, te propone para tu luna de miel un destino donde la aventura y el exotismo están garantizados.  Si lo vuestro es vivir una experiencia única, os invitamos a que descubráis este desconocido rincón del mundo.

 Una vez que el viajero entra en Bután, ya es presa de su embrujo. Bosques salpicados de lagos de un azul rotundo, vívidos colores que decoran sus casas, palacios y templos y la mirada, siempre curiosa, de sus habitantes llenan de vida y de luz cada uno de sus rincones. Una auténtica joya aún por explorar para quienes deciden, de la mano de NUBA, realizar un viaje de conexión con uno mismo a uno de los lugares más privilegiados del planeta.

 En el Reino de Bután el tiempo parece detenerse. Tras permanecer cerrado durante largos años al turismo, el territorio más enigmático de todas las sociedades budistas que han florecido en el Himalaya se abre al viajero mostrando intactas sus tradiciones ancestrales y esa profunda paz y armonía que emanan sus recónditos callejones. La aventura comienza ya en el aire. A medida que el avión se aproxima al aeropuerto, el viajero disfrutará de una increíble vista de la ciudad como ninguna otra. Un hermoso valle enclavado entre dos cadenas montañosas se abrirá ante sus ojos.

Thimbu, la ciudad sin semáforos

 En uno de los valles más altos del Himalaya, rodeado de colinas y a orillas del río Wang-Chu, yace la capital de Bután: Thimbu. Su paisaje boscoso, de valles y tierras altas, y su aroma medieval aplacado por las fachadas coloridas de sus edificios hacen de ella un lugar que aúna tradición y progreso en perfecta armonía y que, al contrario de lo que cabría esperar de una capital, conserva intacta su tranquilidad para vivir.

 Participar de la espiritualidad que se respira en ciudades como Thimbu o Paro, cuya identidad religiosa, tradicional y ecológica constituye su mayor patrimonio es, sin duda, una de las experiencias más auténticas que nos ofrece Bután. Un país en el que la riqueza no es medida por las pertenencias o el oro que cada persona pueda poseer sino por el grado de felicidad de la misma.

 Cerca del río Wang-Chu, los recién casados podrán disfrutar de un relajante baño tradicional con piedras calientes y degustar una exquisita cena local acompañada de champagne, mientras admiran las increíbles vistas de la ciudad. E Incluso, los que lo deseen, tendrán la ocasión de cenar con una familia típica butanesa a base de los mejores productos locales.

 Tendrás además la oportunidad de visitar la fábrica de papel hecho a mano, el centro de fabricación de textiles, en donde confeccionan los vestidos tradicionales que todos los butaneses se ven obligados a llevar, la escuela de pintura, el Instituto de Medicina Tradicional, donde las antiguas artes de curación son aún practicadas, el barrio de los artesanos… Y no podrás perderte la competición de tiro con arco celebrada año tras año en el estadio de Changlimithang, deporte nacional en Bután y uno de los mayores espectáculos de la región.

 Una escalera natural al Himalaya

 Nada hay mejor que atravesar el maravilloso paso de Dochula, elevado a más de 3.000 metros de altura, y admirar las vistas más espectaculares de los picos más altos de los Himalayas orientales. Allí espera solitario el Hangkar Punseum, el punto más alto del país y la cima más alta del mundo, que aún sigue sin ser escalada.

 En el descenso hacia Punakha el paisaje cambia de manera sorprendente. Resulta impresionante contemplar los picos nevados y transcurrir por las pequeñas aldeas de las montañas, a los que llegan pastores de yak o pequeños monjes budistas, recitando sus mantras camino de algún remoto monasterio.

 Paro alberga los templos y monasterios fortaleza o dzongs más antiguos de Bután, el Museo Nacional y el único aeropuerto del país, donde los aviones no aterrizan, se cuelan entre montañas. El Monte Chomolhari corona el norte del valle y su agua glaciar se zambulle entre profundas gargantas para formar el río Pa Chhu. Es por excelencia uno de los valles más fértiles del Reino y desde allí es fácil observar enormes extensiones de plantaciones dispuestas en terrazas del afamado arroz rojo local, una de las mayores delicias de su gastronomía.

 Desde emprender insólitos trekkings y rutas a caballo por los valles de Paro y Punakha o realizar caminatas más duras y a mayor altitud, libres de turistas y de infraestructuras, hasta retirarse a meditar, visitar en exclusiva un lamasterio y entregarse a unos días de yoga acompañados por profesores particulares. Siempre sin renunciar a la menor comodidad y alojados en los hoteles más exclusivos. Bután ofrece enclaves privilegiados que os permitirán, después de los nervios y el estrés de la boda,  reequilibrar cuerpo y mente en un entorno empapado de espiritualidad.

 Pocos lugares en el mundo tienen una naturaleza tan prístina e intocada como Bután. Los picos cubiertos de nieve, los exuberantes valles verdes y la increíble belleza de sus paisajes rurales imprimen a aquel que lo visita por primera vez un recuerdo imborrable.

 JAMBEY LHAKHANG, LA GRAN FIESTA

 Descubrir, coincidiendo con el Jambey Lhakhang, una de sus fiestas -tsechus- más importantes; contemplar las increíbles vistas que su situación, al abrigo del Himalaya, le proporcionan; sorprenderse con un ritmo de vida que nada tiene que ver con el occidental, contagiarse de la paz que emanan los monjes que recorren sus calles…

  Una vez al año, el Jambey Lhakhang, también conocido como “Festival de Danza y Fuego”, conmemora las enseñanzas del Guru Rinpoche, el santo que llevó el budismo a los reinos que se extendían sobre los Himalayas. En su honor se produce, en cada templo de cada ciudad, una auténtica explosión de colorido y ritmo; de danzas, bailes de máscaras y delicias gastronómicas que, prolongándose hasta bien entrada la madrugada, dejan latente el profundo sentir religioso de este incomparable entorno de inmaculada belleza.